dilluns, 15 d’octubre de 2007

Èdip

"El amor entre adultos. Era raro imaginárselos, intentar imaginárselos, forcejeando en sus lechos olímpicos en la oscuridad de la noche, donde sólo las estrellas podían verlos, agarrándose y entrelazándose, jadeando motes caniñosos, gritando de placer como si sufrieran. ¿Cómo justificaban esos actos nocturnos ante sus yoes diuros? Eso era algo que me dejaba muy perplejo. ¿Por qué no estaban avergonzados? Los domingos por la mañana, pongamos, cuando llegan a la iglesia con el cosquilleo de sus retozos del sábado por la noche. El sacerdote los saluda en el porche, ellos sonríen inocentes, murmuran palabras inocuas. La mujer moja las puntas de los dedos en la pila bautismal y mezcla los restos de los pegajosos jugos del amor en el agua bendita. Bajo sus ropas de domingo sus muslos se rozan en el deleite recordado. Se arrodillan, sin hacer caso de la triste mirada de reproche que la estatua del Salvador les lanza desde la cruz. Después de su almuerxo del mediodía quizá envían a los niños a jugar y se retiran al santuario de su dormitorio encortinado para repetirlo todo otra vez, sin advertir el ojo inyectado en sangre de mi imaginación fijo sobre ellos sin parpadear."

John Banville (2006) El mar, pàgina 68